Cómo elegir quién te hace la página web: qué pedir y qué exigir

Llevas años con la misma página, tu empresa ha evolucionado, tiene objetivos claros y sabes que debes renovar la web para posicionar la marca y proyectar la imagen que merecen. Es una inversión que rinde cuando tienes una clara idea de lo que necesitas, solo falta tomar la mejor decisión para que el equipo encargado cumpla con las necesidades y expectativas del proyecto.
Pediste tres cotizaciones para rehacer la página de la empresa y las tres dicen más o menos lo mismo: diseño a la medida, adaptable a celular, optimizada para buscadores. Los precios se separan por millones y no tienes cómo saber qué explica la diferencia. La buena noticia es que sí se puede saber, y no hace falta entender de código: hace falta empezar por el objetivo y pedir por escrito cinco cosas que se comprueban solas.
La respuesta corta: qué le pides a quien te haga la página
Cinco cosas, por escrito: que el dominio y el hosting queden a tu nombre, que la velocidad se comprometa con una medición pública, que puedas actualizar tu contenido sin llamar a nadie, que la página esté construida para que te contacten o te compren, y que al entregar te den todos los accesos con una sesión para enseñarte a usarlos.
Y una sexta que rara vez aparece en las propuestas y hoy pesa: que el sitio esté construido para que los buscadores y los asistentes de inteligencia artificial puedan leerlo y citarlo. Cada vez más clientes llegan porque una IA los mandó, y eso depende en gran parte de cómo esté hecha la página. Lo desarrollamos en páginas web que la IA puede leer y citar.
Pedir estas seis cosas no encarece el proyecto. Lo que hace es que las tres cotizaciones por fin se puedan comparar entre sí.
Primero el objetivo: ¿contactos o ventas?
Es la pregunta que ordena todo lo demás, y la que conviene tener resuelta antes de mirar diseños. Un sitio que busca contactos y una tienda que busca ventas se construyen distinto, se miden distinto y cuestan distinto.
- Si vendes servicios o vendes a empresas, el objetivo es que la persona correcta entienda rápido si estás para ella y tenga dónde escribirte. De la construcción depende que el mensaje se lea en los primeros segundos, que haya una acción clara en cada pantalla y que el formulario funcione y llegue a la bandeja del comercial.
- Si vendes productos en línea, el objetivo es que comprar sea fácil. Acá entran cosas que en un sitio corporativo ni existen: un catálogo que se pueda buscar y filtrar, fichas de producto con lo que hace falta para decidirse —fotos, variantes, disponibilidad—, el costo de envío visible antes del último paso, y el pago probado de punta a punta en un celular.
Muchas empresas necesitan las dos cosas a la vez —una vitrina que venda y un sitio que capte proyectos grandes por contacto directo—, y eso también se planea desde el principio. Lo que no funciona es decidirlo a mitad de camino: la estructura de las páginas sale del objetivo, no al revés.
Y hay una parte que no depende del proveedor sino de ti, que es la que más mueve el resultado final: mientras más claro llegues, mejor te van a entregar la web. No hace falta que traigas un diseño en la cabeza ni que sepas de tecnología. Hace falta que traigas esto:
- Qué tipo de sitio necesitas y qué tiene que lograr. Si es para que te contacten, para vender en línea o para las dos cosas, y qué esperas que pase cuando alguien entra.
- Qué funcionalidades no son negociables. Reservas o citas, catálogo con variantes, cotizador, área privada para clientes, varios idiomas, o que se conecte con tu sistema de facturación o tu CRM. Dicho antes, es parte del diseño; dicho después, es rehacer trabajo.
- El estilo y el tono con el que le hablas a tu cliente. Cercano o institucional, sobrio o con más color. Es una decisión de marca y la tomas tú, no el diseñador.
- Referentes, bien elegidos. Si vas a pasar un sitio que te gusta, que sea uno bueno y di qué te gusta de él: la estructura, la claridad con que explica el servicio, cómo muestra los precios. "Hazme algo así" se interpreta de diez maneras distintas; "me gusta cómo este explica su servicio en tres bloques" se ejecuta sin margen de error.
Esa media hora de claridad antes de pedir cotizaciones se paga sola: es la diferencia entre recibir una propuesta pensada para tu empresa y recibir tres presupuestos genéricos que después toca corregir sobre la marcha.
Qué significa "alto rendimiento" y cómo se comprueba
Es la promesa más repetida y también la más fácil de verificar, porque no depende de la opinión de nadie. Google publica tres medidas de experiencia de usuario —las Core Web Vitals— y cualquiera puede correrlas gratis sobre cualquier sitio en PageSpeed Insights. La que más importa es la primera: cuánto tarda en aparecer el contenido principal. El umbral que Google considera bueno son 2,5 segundos en celular.
Con eso en la mano tienes una conversación mucho más fácil, y una sola petición que la resume: "midámoslo juntos ahora". Pídele a quien te está cotizando que abra la herramienta en la reunión y mida un sitio suyo que ya esté en el aire, con sus fotos y su contenido cargado. Toma treinta segundos y te dice más que media hora de presentación. Y para tu proyecto, la pregunta que cierra el punto: "¿con qué número se entrega el mío?". Que quede escrito en la propuesta.
Esto importa en plata, no solo en técnica. En una tienda en línea la velocidad pesa directo sobre la venta: cada segundo de espera se lleva compradores que ya estaban decididos. En un sitio de servicios se lleva visitantes que pagaste por traer, con pauta o con posicionamiento, y es la fuga más silenciosa de todas porque no aparece en ningún informe.
| Punto | Qué pedir | Qué ganas |
|---|---|---|
| Dominio y hosting | A nombre de tu empresa, con los accesos entregados | Tu dirección en internet es tuya, y cambiar de proveedor cuando quieras es un trámite y no una negociación |
| Velocidad | El número comprometido y con qué herramienta se mide | Una promesa que se verifica el día de la entrega, sin discusión de por medio |
| Qué editas tú | La lista de lo que puedes cambiar sin llamar a nadie | Cambiar un teléfono, un precio o una foto el mismo día que lo necesitas |
| Contenido | Quién escribe los textos y quién consigue las fotos | Un cronograma que se cumple: es lo que más pesa en la fecha de entrega |
| Medición | Analítica instalada y el formulario probado de punta a punta | Saber desde el primer día si la página está funcionando |
| Si vendes en línea | Pagos, envíos y el paso de compra probados con una orden real | Abrir vendiendo, en vez de descubrir el problema con el primer cliente |
| Entrega | Accesos, respaldo y una sesión para enseñarte a usarlo | Un sitio que puedes mantener vivo tú, y no uno que envejece en tres meses |
La propuesta más barata casi nunca termina siendo la más barata: suele ser la que dejó tres de estas casillas en blanco. Pedirlas completas es lo que vuelve comparables tres cotizaciones que hoy no lo son.
Cómo reconocer que estás en buenas manos
Ninguna de estas señales necesita que sepas de desarrollo. Todas se ven en la primera reunión o leyendo la propuesta.
- La primera pregunta es por el objetivo, no por las secciones. Si la conversación arranca en "a quién le vendes y qué quieres que haga esa persona", vas bien: de ahí sale una página que trabaja. Si arranca en "cuántas secciones quieres", lo que vas a recibir es un folleto en pantalla.
- Te ponen el dominio y el hosting a tu nombre desde el primer día. Sin que tengas que pedirlo, y con los accesos entregados por escrito.
- Te dan un cronograma con etapas y te dicen qué depende de ti. Cuándo ves el diseño, cuándo entregas los textos, cuándo se revisa. Buena parte de los tiempos depende del lado del cliente, y saberlo desde el principio es lo que permite cumplir la fecha.
- Te muestran sitios funcionando y los miden contigo. No solo imágenes de diseño: sitios reales abiertos en un celular, que es donde se navega de verdad.
- Te dicen cuánto cuesta hacerla y cuánto cuesta mantenerla. Son dos cobros distintos: la página se paga una vez, y mantenerla —actualizaciones, respaldos y soporte— se paga cada mes. Cuando ves las dos cifras desde el principio, sabes en qué te estás metiendo.
- Comprometen base técnica, no un puesto en Google. Nadie controla el buscador. Lo que sí se puede comprometer —velocidad, estructura, contenido legible para buscadores y para IA— es justamente lo que después sostiene el posicionamiento.
Qué vas a poder cambiar tú
Es la pregunta que más tranquilidad da y la que menos se hace. La respuesta correcta no es "todo": es una lista clara, dicha antes de firmar.
En WordPress y en Shopify administras desde el panel de siempre: textos, fotos, productos, precios y artículos del blog. En un sitio de alto rendimiento se entrega un gestor de contenido donde editas textos, imágenes y artículos sin tocar código, y donde los datos que cambian con la vida de la empresa —teléfono, WhatsApp, correo, dirección, horarios— quedan como campos que actualizas tú en un minuto. Vale la pena pedir esa lista explícita en la propuesta: es la diferencia entre corregir un número de contacto hoy mismo o esperar a que alguien tenga un rato.
Lo que normalmente no vas a hacer en un sitio de alto rendimiento es rediseñar páginas arrastrando bloques, y conviene saberlo de entrada. A cambio, el diseño no se desarma con el tiempo ni el sitio se vuelve lento a punta de complementos. Si armar tus propias páginas es importante para ti, eso apunta a WordPress y es una conversación sana de tener antes de firmar, no después: la comparación completa está en WordPress, Shopify o desarrollo a la medida.
Las cinco preguntas que conviene hacer antes de firmar
- ¿A nombre de quién quedan el dominio y el hosting? La respuesta correcta es "tuyos", sin matices.
- ¿Qué velocidad se compromete y cómo la medimos? Que quede el número y la herramienta, y que se pueda comprobar el día de la entrega.
- ¿Qué puedo cambiar yo sin llamar a nadie? Que la lista esté escrita: textos, fotos, artículos, datos de contacto y —si vendes en línea— productos y precios.
- ¿Quién escribe los textos y quién carga el catálogo? Si es tu equipo, cuenta ese tiempo en el cronograma. Si es el proveedor, que esté en el precio.
- ¿Qué pasa después de la entrega? Quién actualiza, quién responde si algo se cae y cuánto cuesta un cambio.
Estas preguntas sirven para cualquier proveedor de marketing, no solo para quien te hace la página. Si también estás buscando quién te maneje la pauta, escribimos las que aplican en ese caso en cómo elegir quién maneja tu pauta digital. Y si ya tienes página nueva y no está llegando nadie, mira tengo página web nueva y no llega nadie.
Cómo lo hacemos en Statum Digital
Empezamos por entender tu negocio y lo que esperas del sitio: a quién le vendes, qué quieres que haga la persona que entra y qué te distingue de tu competencia. Con eso diseñamos y desarrollamos una web a la medida de tus objetivos y de la imagen que quieres proyectar, pensada para trabajar por tu marca todos los días: presentarte con el peso que tiene tu empresa y convertir las visitas en contactos para tu equipo comercial o en ventas. Cuando el objetivo es vender en línea, ese mismo trabajo se aplica al catálogo, a la ficha de producto y al paso de pago, que es donde se decide la compra.
Detrás de tu proyecto hay un equipo de especialistas con años de experiencia en desarrollo, que dirige las decisiones que definen el resultado: qué tiene que lograr cada página, cómo se estructura el sitio y qué se revisa antes de entregar. La inteligencia artificial la integramos con el resto de nuestras herramientas para potenciar ese trabajo y acortar los tiempos. Para ti eso se traduce en dos cosas concretas: lo que antes tomaba meses lo entregamos en días, y el sitio queda limpio por dentro, sin bloques pesados que después nadie pueda optimizar. El dominio, el hosting y todos los accesos quedan a tu nombre desde el primer día.
En nuestras webs y tiendas de alto rendimiento comprometemos por escrito el número de velocidad y lo verificamos contigo el día de la entrega, con la herramienta pública de Google. Podemos hacerlo porque no es una optimización de último minuto: es cómo está construido el sitio desde el primer día. Este mismo sitio corre sobre ese stack, así que es un ejemplo que puedes medir tú ahora mismo. Esos planes incluyen además el gestor de contenido, con los datos de contacto editables por ti.
Esas mismas webs salen construidas para que los buscadores y los asistentes de inteligencia artificial puedan leerlas y citarlas: el contenido en texto y servido de entrada, una estructura de títulos que se entiende, datos estructurados, velocidad y los rastreadores con vía libre. Va incluido, no es un extra.
Y conviene decir hasta dónde llega, porque es la parte que más se promete a la ligera: esa base te pone en condiciones de que la IA te cite, no garantiza que te nombre. En una categoría con poca competencia suele ser suficiente para empezar a aparecer. En un mercado disputado, ser la marca que ChatGPT o Gemini recomiendan es un trabajo sostenido —contenido que responda las preguntas por las que te compran, reputación y menciones de terceros—, y eso se juega a mediano y largo plazo. Si es tu caso, vale la pena entender cómo funciona antes de invertir: lo contamos en por qué tu empresa no aparece en ChatGPT, y es el terreno de nuestro servicio de SEO y GEO.
Y si prefieres saltarte la ronda de cotizaciones que no se pueden comparar: cuéntanos qué hace tu empresa, a quién le vende y para cuándo la necesitas. Te devolvemos una propuesta con todas las casillas de arriba llenas y con la recomendación honesta de qué tipo de sitio te conviene — que a veces es uno más pequeño del que venías a pedir.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto se demora hacer una página web para empresa?
Depende menos de la tecnología que de dos cosas: cuántas páginas tiene y qué tan rápido llegan los textos y las fotos de tu lado. Con el contenido listo, un sitio corporativo estándar se entrega en días, no en meses. Una tienda en línea toma algo más, porque hay que cargar el catálogo y probar pagos y envíos. Cuando un proyecto se va a tres o cuatro meses, casi siempre es porque el contenido se quedó esperando.
¿Cuánto cuesta una página web con Statum Digital?
Nuestras tarifas están publicadas, igual que las de los demás servicios: desde $1.500.000 una One Page, desde $3.500.000 una web multipágina y desde $5.000.000 una web de alto rendimiento —que es la que trae el número de velocidad comprometido y el gestor de contenido—. El mantenimiento es aparte y arranca en $120.000 al mes. El detalle completo está en nuestro servicio de diseño y desarrollo web.
¿Cuánto cuesta una tienda en línea y en qué se diferencia de una página web?
Una tienda tiene piezas que un sitio corporativo no necesita: catálogo, fichas de producto, medios de pago, cálculo de envíos y el paso de compra. Por eso arranca más arriba: desde $4.200.000 en WordPress, desde $6.000.000 en Shopify y desde $9.500.000 en alto rendimiento. La carga masiva del catálogo que nos entregues en archivo va incluida; la producción de fotos y la redacción de descripciones se cotizan aparte.
¿Puedo cambiar yo mismo los precios, los productos o un teléfono?
Sí, y conviene que quede escrito en la propuesta hasta dónde. En WordPress y Shopify administras todo desde el panel de siempre. En un sitio de alto rendimiento editas textos, imágenes, artículos y los datos de contacto —teléfono, WhatsApp, correo, dirección— desde el gestor, sin tocar código. Lo que normalmente no harás ahí es rediseñar páginas arrastrando bloques, y eso es a propósito: el diseño no se desarma con el tiempo.
¿Es verdad que WordPress es más lento?
No por sí mismo. Lo que suele hacerlo lento es cómo se arma: una plantilla comprada más ocho complementos y un constructor visual cargan mucho más de lo necesario. Un WordPress bien construido puede ir bien; el punto es que la ruta barata para llegar a él es justamente la que lo vuelve pesado. Si la velocidad es prioridad, conviene comparar opciones antes de decidir.
¿Necesito rehacer todo el sitio o alcanza con mejorarlo?
Depende de dónde esté el problema. Si el sitio está lento por peso de imágenes o por plantilla recargada, muchas veces se arregla sin rehacerlo. Si la estructura no responde a lo que busca tu cliente —las páginas no existen, el mensaje no está, no hay dónde contactar o comprar—, rehacerlo sale más barato que parchar. Lo sano es medir primero y decidir después.
¿Qué pasa con mi posicionamiento actual si cambio de página?
Se conserva si el cambio se hace bien: manteniendo las direcciones que ya existen o redirigiéndolas una por una a la nueva. Conservar el posicionamiento en un rediseño es parte del trabajo, y conviene preguntar de frente cómo lo van a manejar antes de firmar.
¿Cuánto cuesta mantener la página después?
Es un costo aparte y conviene tenerlo claro desde el principio: actualizaciones, respaldos y soporte. En nuestro caso el mantenimiento arranca en $120.000 al mes para una One Page y sube según el tipo de sitio; los cambios de contenido y las mejoras se cobran por hora. Lo que no es razonable es que el mantenimiento sea obligatorio para poder usar tu propio sitio.
¿A tu marca la nombra la IA?
Escribe tu dominio y te decimos en segundos si la IA ya reconoce tu marca, y qué le falta a tu sitio para que los motores puedan leerte.
Gratis, en segundos y sin registro.



